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jueves, 22 de noviembre de 2007

Testimonio de un ex soldado marine de EEUU que peleó en Irak


Jimmy Massey: «He sido un asesino psicópata»

por Rosa Miriam Elizalde*


Durante casi 12 años el sargento Jimmy Massey fue un marine de corazón duro. En marzo del 2003, llegó a Irak con las tropas invasoras y dirigió a 45 hombres que no dudaron en matar a civiles inocentes. Jimmy Massey participando en la Feria del Libro de Caracas, donde presentó su libro Cowboys de Infierno, un crudo testimonio del genocidio que EE.UU. comete día a día contra el pueblo iraquí. El ex marine responde a las preguntas de la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde de Cubadebate. Desde Caracas.
«Tengo 32 años y soy un asesino psicópata entrenado. Las únicas cosas que sé hacer es venderle a los jóvenes la idea de enrolarse en los marines y matar. Soy incapaz de conservar un trabajo. Para mí los civiles son despreciables, retrasados mentales, unos débiles, una manada de ovejas. Yo soy su perro pastor. Soy un depredador. En el Ejército me llamaban "Jimmy el Tiburón"».

Este es el segundo párrafo del libro escrito hace tres años por Jimmy Massey, con la ayuda de la periodista Natasha Saulnier, que fue presentado en la Feria del Libro de Caracas. Cowboys de Infierno es el relato más violento que se haya escrito hasta ahora de la experiencia de un ex miembro del Cuerpo de Marines, uno de los primeros en llegar a Irak durante la invasión del 2003 y que decidido a contar todas las veces que sean necesarias qué significa haber sido por 12 años un despiadado marine y por qué lo cambió la guerra.
Jimmy asistió como panelista al taller principal de la Feria, que tiene un título polémico: «Estados Unidos, la Revolución posible», y su testimonio ha sido quizás el de mayor impacto en la audiencia. Lleva el pelo con un corte militar, espejuelos oscuros, camina con aires marciales y sus brazos están completamente tatuados. Parece exactamente lo que era: un marine. Cuando habla es otra cosa: alguien profundamente marcado por una aterradora experiencia que intenta evitarle a otros jóvenes incautos. Como asegura en su libro, no ha sido el único que mató en Irak: esta fue una práctica constante entre sus compañeros. Cuatro años después de dejar la guerra, todavía vive perseguido por las pesadillas.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué significan todos esos tatuajes?
Jimmy Massey: Tengo muchos. Me los hice en el Ejército. En la mano (señala la zona entre los dedos pulgar y anular), el logo de Blackwater, el ejército mercenario que fue fundado donde yo nací, en Carolina del Norte. Me lo hice en un acto de resistencia, porque los marines tienen prohibido tatuarse la zona que va de las muñecas a las manos. Un día los integrantes de mi pelotón nos emborrachamos y todos nos hicimos el mismo tatuaje: un cowboy de ojos inyectados en sangre sobre varias ases, que representan la muerte. Quiere decir exactamente eso que estás pensando: «mataste a alguien». En el brazo derecho, el símbolo de los marines, con la bandera norteamericana y la Texas, donde me enrolé en el Ejército. En el pecho, del lado izquierdo, un dragón chino que desgarra la piel y significa que el dolor es la debilidad escapándose del cuerpo. Lo que no nos mata nos hace más fuerte.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Por qué dijo que en el Cuerpo de Marines encontró las peores personas que usted ha conocido en su vida?
Jimmy Massey: Estados Unidos solo tiene dos maneras de usar a los marines: para tareas humanitarias y para asesinar. En los 12 años que yo pasé en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos jamás participé en misiones humanitarias.
Rosa Miriam Elizalde: Antes de ir a Irak usted reclutaba a jóvenes para que ingresaran en el Ejército. ¿Qué significa ser un reclutador en Estados Unidos?
Jimmy Massey: Ser un mentiroso. La administración Bush ha forzado a la juventud norteamericana para que se enrole en el Ejército y lo que básicamente hace –y yo hice también- es tratar de ganar gente con incentivos económicos. Durante tres años recluté a 74 personas, que nunca me dijeron que querían entrar en el Ejército para defender al país ni argumentaron ninguna razón patriótica. Querían recibir dinero para ir a una universidad u obtener un seguro de salud. Y yo les describía primero todas esas ventajas y solo al final les hablaba de que iban a servir a la patria. Jamás recluté al hijo de un rico. Para mantener el trabajo, los reclutadores no podíamos tener escrúpulos.
Rosa Miriam Elizalde: Ahora el Pentágono ha relajado más los requisitos para entrar al Ejército. ¿Qué significa eso?
Jimmy Massey: Los estándares para el reclutamiento han descendido enormemente, porque casi nadie quiere enrolarse. Ya no es un impedimento tener problemas mentales ni antecedentes criminales. Pueden ingresar personas que han cometido felonías, es decir que han sido sentenciadas a más de un año de cárcel, lo que se considera un delito serio. Pueden ingresar muchachos que no han terminado los estudios preuniversitarios. Si pasan la prueba mental, ingresan.
Rosa Miriam Elizalde: Usted cambió después de la guerra, pero ¿qué sentimientos tenía antes?
Jimmy Massey: Yo era como otro soldado cualquiera, que creía en lo que le decían. Sin embargo, desde que estaba reclutando comencé a sentirme mal: como reclutador tenía que mentir todo el tiempo.
Rosa Miriam Elizalde: Sin embargo, creyó que su país se enrolaba en una guerra justa contra Irak.
Jimmy Massey: Sí. Los reportes de inteligencia que recibíamos decían que Saddan tenía armas de destrucción masiva. Después descubrimos que todo era mentira.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Cuándo se enteró que lo habían engañado?
Jimmy Massey: En Irak, a donde llegué en marzo de 2003. A mi pelotón le tocó ir a los lugares que habían sido del Ejército iraquí y vimos miles y miles de municiones en cajas que llevaban la etiqueta norteamericana y estaban ahí desde que los Estados Unidos ayudaban al gobierno de Saddan en guerra contra Irán. Vi cajas con la bandera norteamericana y hasta tanques de EE.UU. Mis marines –yo era sargento de categoría E6, un rango superior al sargento, y dirigía a 45 marines- me preguntaban por qué había municiones de nuestro país en Irak. No entendían. Los informes de la CIA afirmaban que Salmon Pac era un campo de terroristas y que íbamos a encontrar armas químicas y biológicas. No encontramos nada. En ese momento empecé a pensar que nuestra misión realmente era el petróleo.
Rosa Miriam Elizalde: Las líneas más perturbadoras de su libro son esas donde usted se reconoce como asesino psicópata. ¿Puede explicar por qué lo dice?
Jimmy Massey: He sido un asesino psicópata porque me entrenaron para matar. No nací con esa mentalidad. Fue el Cuerpo de Infantería de Marina quien me educó para que fuera un gangster de las corporaciones estadounidenses, un delincuente. Me entrenaron para cumplir ciegamente la orden del Presidente de Estados Unidos y traerle a casa lo que él pidiera, sin reparar en ninguna consideración moral. Yo era un psicópata porque nos ensañaron a disparar primero y a preguntar después, como lo haría un enfermo y no un soldado profesional que solo debe enfrentar a otro soldado. Si había que matar a mujeres y a niños, lo hacíamos. Por tanto, no éramos soldados, sino mercenarios.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué experiencia exactamente le hizo a usted llegar a esa conclusión?
Jimmy Massey: Hubo varias. Nuestro trabajo era ir a determinadas áreas de las ciudades y ocuparnos de la seguridad en las carreteras. Hubo un incidente en particular -y muchos más- que realmente me llevó hasta el borde del precipicio. Afectó a un coche que llevaba civiles iraquíes. Todos los informes de inteligencia que nos llegaban decían que los carros iban cargados con bombas y explosivos. Esa era la información que recibíamos de la inteligencia. Los carros llegaban a nuestros controles y hacíamos algunos disparos de advertencia; cuando no detenían su marcha a la velocidad que indicábamos, disparábamos sin contemplaciones.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Con las ametralladoras?
Jimmy Massey: Sí. Esperábamos que hubiera explosiones al acribillar cada vehículo. Pero nunca oímos nada. Luego abríamos el carro y ¿qué encontrábamos?: muertos o heridos, y ni una sola arma, ninguna propaganda de Al Qaeda, nada. Salvo civiles en el lugar equivocado y en el momento equivocado.
Rosa Miriam Elizalde: Usted también relata cómo su pelotón ametralló una manifestación pacífica. ¿Es así?
Jimmy Massey: Sí. En los alrededores del Complejo Militar de Rasheed, al sur de Bagdad, cerca del río Tigris. Había manifestantes al final de la calle. Eran jóvenes y no tenían armas. Y cuando avanzamos había ya un tanque que estaba aparcado a un lado de la calle. El conductor del tanque nos dijo que eran manifestantes pacíficos. Si los iraquíes hubieran querido hacer algo podían haber volado el tanque. Pero no lo hicieron. Sólo estaban manifestándose. Eso nos hizo sentirnos bien porque pensamos: «Si fueran a dispararnos, lo habrían hecho ya». Ellos estaban como a 200 metros de nuestro retén.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Quién dio la orden de ametrallar a los manifestantes?
Jimmy Massey: Del alto mando nos dijeron que no perdiéramos de vista a los civiles porque muchos fedayines (combatientes) de la Guardia Republicana se habían quitado los uniformes, se habían puesto ropas de civiles y estaban desencadenando ataques terroristas contra los soldados estadounidenses. Los informes de inteligencia que nos daban eran conocidos básicamente por cada miembro de la cadena de mando. Todos los marines teníamos muy clara la estructura de la cadena de mando que se organizó en Irak. Yo creo que la orden de disparar a los manifestantes vino de altos funcionarios de la Administración, eso incluía tanto a los centros de inteligencia militar como gubernamental.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Usted qué hizo?
Jimmy Massey: Yo regresé a mi vehículo, un humvee (un jeep altamente equipado) y escuché un tiro por encima de mi cabeza. Mis marines empezaron a disparar y yo también. No nos devolvieron ningún disparado, mientras que yo había disparado 12 veces. Quise asegurarme de que habíamos matado según las normas de combate de la convención de Ginebra y los procedimientos operativos reglamentarios. Intenté olvidarme de sus caras y busqué las armas, pero no había ninguna.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Y sus superiores cómo reaccionaron?
Jimmy Massey: Me dijeron que «la mierda ocurre».
Rosa Miriam Elizalde: Cuando sus compañeros se enteraron que habían sido engañados, ¿cómo reaccionaron?
Jimmy Massey: Yo era segundo en el mando. Mis marines me preguntaban por qué estábamos matando a tantos civiles. «¿Tú puedes hablar con el teniente?», me preguntaron. «Diles que tiene que haber retenes adecuados, preparados por los ingenieros de combate». La respuesta fue: «No». En el momento en que los marines descubrieron que era una gran mentira, enloquecieron más.
Nuestra primera misión en Irak no fue para dar apoyo humanitario, como decían los medios, sino para asegurar los campos petroleros de Bassora. En la ciudad de Karbala usamos la artillería por 24 horas. Fue la primera ciudad que atacamos. Yo pensé que íbamos a darle ayuda médica y alimenticia a la población. No. Seguimos de largo hasta los campos petroleros. Antes de llegar a Irak, estuvimos en Kuwait. Llegamos en enero de 2003 y nuestros vehículos estaban llenos de comida y medicina. Le pregunté al teniente qué íbamos a hacer con los suministros, pues apenas cabíamos nosotros con tantas cosas dentro. Me dijo que su capitan le había ordenado dejar todo en Kuwait. Poco después nos dieron la orden de quemarlo todo: alimentos y suministros médicos humanitarios.
Rosa Miriam Elizalde: Usted también ha denunciado el uso del uranio empobrecido...
Jimmy Massey: Tengo 35 años y sólo conservo el 80 por ciento de mi capacidad pulmonar. Me han diagnosticado una enfermedad degenerativa de la columna vertebral, fatiga crónica y dolor en los tendones. Antes, todos los días corría 10 kilómetros por puro placer, y ahora solo puedo caminar entre 5 y 6 km todos los días. Tengo temor de tener niños por eso. Mi cara está inflamada. Mira esta foto (me muestra la imagen que aparece en la credencial de la Feria del Libro), me la tomaron poco después de regresar de Irak. Parezco un Frankenstein. Todo eso se lo debo al uranio empobrecido, ahora imagínate lo que estará pasando con la gente en Irak.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué ocurrió cuando regresó a Estados Unidos?
Jimmy Massey: Me trataron como un loco, un cobarde, un traidor.
Rosa Miriam Elizalde: Sus superiores han dicho que es mentira todo lo que ha contado.
Jimmy Massey: La evidencia contra ellos es abrumadora. El Ejército norteamericano esta agotado. Mientras más tiempo dure esta guerra, más posibilidades habrá de que mi verdad aparezca.
Rosa Miriam Elizalde: El libro que usted ha presentado en Venezuela está editado en español y en francés. ¿Por qué no se ha publicado en Estados Unidos?
Jimmy Massey: Las editoriales han exigido que elimine los nombres reales de las personas que están involucradas en su historia y que presente la guerra en Irak como envuelta en una neblina, menos crudamente. No estoy dispuesto a hacerlo. Editoriales como New Press, supuestamente de izquierda, se negaron a publicarlo porque temían verse envueltas en un pleito presentado por la gente involucrada en el libro.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Por qué medios como The New York Times y The Washington Post jamás reprodujeron su testimonio?
Jimmy Massey: Yo no repetía el cuento oficial, de que las tropas estaban en Irak para ayudar al pueblo, ni repetía que los civiles morían por accidente. Me negué a decir eso. No había visto ningún disparo accidental contra los iraquíes y me negué a mentir.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Ha cambiado esa actitud?
Jimmy Massey: No. Lo que han hecho es incorporar opiniones y libros de personas con objeciones de conciencia: que están contra la guerra en general o que participaron en la guerra, pero no tuvieron este tipo de experiencia. Se resisten todavía a mirar de frente la realidad.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Tiene fotografías o documentos que prueben lo que usted nos ha contado?
Jimmy Massey: No. Me quitaron todas mis pertenencias, cuando me ordenaron regresar a Estados Unidos. Regresé de Irak solo con dos armas: mi mente y un cuchillo.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Habrá alguna salida a corto plazo para la guerra?
Jimmy Massey: No. Lo que veo es una misma política entre demócratas y republicanos. Son la misma cosa. La guerra es un negocio para ambos partidos, que dependen del Complejo Militar Industrial. Necesitamos un tercer partido.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Cuál?
Jimmy Massey: El del socialismo.
Rosa Miriam Elizalde: Usted ha participado en un taller cuyo título es «Estados Unidos: La Revolución es posible». ¿Cree que realmente que habrá revolución en EE.UU.?
Jimmy Massey: Ya comenzó. En el sur, donde yo nací.
Rosa Miriam Elizalde: Pero esa ha sido tradicionalmente la zona más conservadora del país.
Jimmy Massey: Después del Katrina eso cambió. Nueva Orleáns se parece a Bagdad. La gente del sur está indignada y se pregunta todos los días cómo es posible que se atrevan a invertir en una guerra inútil y en Bagdad, cuando no lo han hecho en Nueva Orleans. Recuerda también que en el Sur se inició la primera gran rebelión del país.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Iría usted a Cuba?
Jimmy Massey: Admiro a Fidel y al pueblo de Cuba y por supuesto, si me invitan, yo iré a la Isla. No me importa qué me diga mi gobierno. Nadie controla a dónde yo voy.
Rosa Miriam Elizalde: ¿Sabe usted que el símbolo del desprecio imperial hacia nuestra nación es una fotografía de marines mientras orinaban sobre la estatua de José Martí, el Héroe de nuestra Independencia?
Jimmy Massey: Si, lo sé. En el Cuerpo de Marines nos hablaban de Cuba como una colonia de los Estados Unidos y nos ensañaron algo de Historia. Parte de la formación de un marine es aprender algunas cosas de los países que habrá que invadir, como dice la canción.
Rosa Miriam Elizalde: ¿La canción de los marines?
Jimmy Massey: (Canta) «From the halls of Montezuma, to the shores of Tripoli…» (Desde las salas de Montezuma hasta las playas de Trípoli...)
Rosa Miriam Elizalde: Es decir, los marines quieren estar en todo el mundo.
Jimmy Massey: El sueño es dominar al mundo…, aunque por el camino nos conviertan a todos en asesinos.
Rosa Miriam Elizalde
Periodista cubana

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La munición radioactiva lanzada sobre Oriente Próximo puede cobrarse más vidas que en Hiroshima y Nagashaki


Sherwood Ross
OpedNews.com
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Con toda la munición radioactiva que Estados Unidos, Reino Unido e Israel han lanzado sobre Oriente Próximo puede estarse incubando un holocausto nuclear a largo plazo que resultará más mortífero que el bombardeo atómico estadounidense sobre Japón.
“Se ha arrojado tanta munición conteniendo uranio empobrecido”, afirma Leuren Moret, una de las mayores autoridades científicas en materia nuclear, que “el futuro genético de la mayoría de la población iraquí puede considerarse ya destruido”.
“Desde 1991, se ha venido lanzando armamento con uranio empobrecido en cantidades tales que se ha llegado a superar en más de diez veces la suma de la radiación liberada durante una prueba nuclear (de bombas nucleares)”, escribe Moret, incluida la munición radioactiva disparada por las tropas israelíes en Palestina.
Moret es una científica estadounidense independiente que anteriormente estuvo trabajando durante cinco años para el Lawrence Berkeley National Laboratory y también para el Lawrence Livermore National Laboratoy, ambos en California.

Arthur Bernklau, miembro de Veteranos por una Ley Constitucional, añade: “El efecto a largo plazo del uranio empobrecido es una virtual sentencia de muerte. Iraq se ha convertido en un páramo tóxico. Todo el que viva o pase por allí se expone a contraer cáncer y leucemia. En Iraq, la tasa de bebés nacidos con mutaciones genéticas está totalmente fuera de control”.
Moret, Comisionada para Medio Ambiente en Berkeley, California, y antigua presidenta de la Asociación de Mujeres Geocientíficas, dice: “Por cada defecto genético que contemplamos hoy en día, aparecerán miles más en futuras generaciones”.
Y añade: “El medio ambiente (de Iraq) es ya completamente radioactivo”
La Dra. Helen Caldicott, una prominente luchadora antinuclear, ha escrito: “Gran parte del uranio enriquecido ha caído en ciudades como Bagdad, donde la mitad de su población, cinco millones, son niños que jugaron con los tanques calcinados y con la tierra arenosa y polvorienta”.
“Los niños son entre diez y veinte veces más sensibles a los efectos carcinógenos de la radiación que los adultos”, escribió Caldicott. “Mis colegas pediatras en Basora, donde esa artillería fue utilizada en 1991, informan de un aumento, multiplicado por siete, de los casos de cánceres infantiles y de graves anormalidades genéticas”, relató en su libro “Nuclear Power is not the Answer” (The New Press).
Caldicott va más allá diciendo que las dos Guerras del Golfo “han sido guerras nucleares porque han esparcido material nuclear por toda la tierra, y las personas –especialmente los niños- están condenados a morir básicamente de neoplasias y enfermedades congénitas de aquí a la eternidad”.
Debido a la inmensamente larga vida media del Uranio-238, uno de los elementos radiactivos contenidos en los proyectiles disparados, “los alimentos, el aire y el agua están contaminados para siempre”, explicó Caldicott.
El uranio es un metal pesado que penetra en el cuerpo inhalado por los pulmones o a través de la ingestión por el tracto gastrointestinal. Si se excreta por el riñón, y la dosis es suficientemente alta, puede provocar fallos renales o cáncer de riñón. También se aloja en los huesos, donde causa cáncer de huesos y leucemia, y si se excreta en el semen, donde se mutan los genes en el esperma, provoca nacimientos con deformidades.
La contaminación nuclear se está extendiendo por todo el planeta, añade Caldicott, pero las mayores concentraciones están en las regiones que se sitúan dentro de un radio de mil seiscientos kilómetros de Bagdad y Afganistán.
Los países que presentan mayor contaminación son el norte de la India, el sur de Rusia, Turquía, Egipto, Arabia Saudí, Tibet, Pakistán, Kuwait, los Emiratos del Golfo y Jordania.
“A partir de la devastación radioactiva desatada en Iraq y siguiendo la dirección del viento, Israel está sufriendo también un gran aumento de cáncer de mama, leucemia y diabetes infantil”, afirma Moret.
Doug Rokke, en otra época alto oficial del ejército estadounidense encargado de la limpieza del uranio empobrecido y ahora militante contra dicho elemento, ha declarado que los tanques israelíes dispararon proyectiles radiactivos durante la invasión del Líbano del pasado año. Las fuerzas estadounidenses y de la OTAN también utilizaron munición con uranio empobrecido en Kosovo. Rokke ha dicho que está muy enfermo a causa de los efectos del uranio empobrecido y que algunos miembros del equipo que le acompañaban en las labores de limpieza han fallecido ya por esa causa.
Como consecuencia de los bombardeos con uranio empobrecido, Caldicott escribe: “Se ha informado de bebés con malformaciones nacidos de civiles contaminados en Iraq, Yugoslavia y Afganistán y la incidencia y la gravedad de los defectos va aumentando según transcurre el tiempo”.
Se ha informado también de síntomas aparecidos entre los bebés nacidos de personal del ejército estadounidense que combatió en las Guerras del Golfo. Una investigación llevada a cabo por la Administración de Veteranos de Mississipi con 251 soldados de la Guerra del Golfo halló que el 67% de los niños nacidos de ellos sufrían de “enfermedades graves y deformaciones”.
Algunos habían nacido sin cerebro u órganos vitales o sin brazos o sin manos o con las manos unidas a los hombros.
Aunque los oficiales estadounidenses niegan que la munición de uranio empobrecido sea peligrosa, es un hecho que los Veteranos de la Guerra del Golfo fueron los primeros estadounidenses que lucharon en una batalla radioactiva y, al parecer, sus niños han sido los primeros en manifestar deformidades espantosas.
Los soldados supervivientes que habían sido alcanzados por munición radioactiva, así como los que la dispararon, están cayendo enfermos, a menudo mostrando síntomas de enfermedades radioactivas. De los 700.000 veteranos estadounidenses de la I Guerra del Golfo, más de 240.000 padecen incapacidad médica permanente y 11.000 han muerto, según informes publicados.
Esas cifras suponen una mortalidad impresionante como consecuencia de un corto conflicto durante el que murieron en el campo de batalla menos de 400 soldados estadounidenses.
Desde luego, “las municiones con uranio empobrecido fueron y siguen siendo un factor causante del Síndrome de la Guerra del Golfo (GWS, en sus siglas en inglés)”, escribe Francis Boyle, importante experto estadounidense en derecho internacional en su libro “Biowarfare and Terrorism”, de Clarity Press Inc.
“El Pentágono continúa rechazando que haya un fenómeno médico clasificado como GWS, hasta el punto en que todo el mundo sabe que esa negativa es pura propaganda y labor de desinformación”, escribe Boyle.
Boyle sostiene: “El Pentágono nunca confesará las consecuencias criminales, políticas, delictivas, económicas y legales de admitir la existencia de GWS. Por eso, los veteranos estadounidenses y británicos de la I Guerra del Golfo, así como los hijos que hayan concebido después, continuarán sufriendo y muriendo. Lo mismo les pasará a los veteranos estadounidenses y británicos de la II Guerra del Golfo de Bush Jr y a los hijos que puedan tener”.
Boyle dijo que el uso del uranio empobrecido está prohibido por la Convención de Ginebra de 1925, que prohíbe el uso de gas venenoso.
Chalmers Johnson, presidente del Instituto de Investigación Política de Japón, escribe en su “The Sorrows of Empire” (Henry Holt and Co.) que, dadas las cantidades anormales de cánceres infantiles y deformidades aparecidos tanto en Iraq como en Kosovo, las evidencias señalan un papel determinante del uranio empobrecido”.
“El ejército, al insistir en su uso”, añade Johnson, “está despreciando deliberadamente una Resolución de Naciones Unidas de 1996 que clasifica la munición con uranio empobrecido como arma ilegal de destrucción masiva”.
Moret llama al uranio empobrecido “el caballo de Troya de la guerra nuclear”. Lo describe como “el arma que no para nunca de matar”. En efecto, la vida media del Uranio-238 es de 4,5 mil millones de años, y cuando se descompone engendra otros sub-productos radioactivos mortíferos.
Al parecer, la lluvia radioactiva del uranio empobrecido puede llegar muy lejos y de forma muy extendida. Tras el bombardeo inicial de Iraq por EEUU en 2003, las partículas de uranio empobrecido viajaron casi cuatro mil kilómetros hasta alcanzar el Reino Unido en una semana, donde la radiación atmosférica se cuadriplicó.
Pero es en Oriente Próximo, sobre todo en Iraq, donde se ha vertido la mayor parte de la basura radioactiva.
En los primeros años de la década de 1990, la Autoridad para la Energía Atómica del Reino Unido advirtió que cincuenta toneladas de polvo proveniente de las explosiones de uranio empobrecido podrían cobrarse medio millón de vidas para el año 2000 a través del cáncer. No ya cincuenta toneladas, sino una cifra de dos mil toneladas radioactivas se han lanzado en Oriente Próximo, lo que sugiere la posibilidad de que, con el transcurrir del tiempo, nos encontremos con cifras mucho más altas de víctimas mortales.
El Dr. Keith Baverstock, un asesor en radioactividad de la Organización Mundial de la Salud, informó a los medios que el clima árido de Iraq incrementaba las posibilidades de exposición a esas partículas diminutas cuando el viento las esparciera por doquier y fueran inhaladas por la población civil en los años venideros.
Los civiles muertos desde agosto de 1945, a causa de las bombas atómicas lanzadas contra Hiroshima y Nagasaki alcanzaron las cifras de 140.000 y 80.000, respectivamente. Sin embargo, se prevé que, a largo plazo, las muertes por enfermedades radiactivas se cobren las vidas de otros 100.000 civiles japoneses.
Sherwood Ross es un escritor independiente que vive en Miami, Florida, dedicado a a estudiar cuestiones políticas y militares. Se puede contactar con él en shwewoodr1@yahoo.com. Ross ha trabajado como reportero para el Chicago Daily News y en varias agencias de noticias y publica con frecuencia en revistas nacionales de su país.
Fuente: http://www.opednews.com/articles/genera_sherwood_071119_radioactive_ammuniti.htm

lunes, 19 de noviembre de 2007

Carta de un Jefe Indígena a los gobiernos de Europa

El líder indígena mexicano Guaicaipuro Cuautémoc, que visitó Europa en 1992 por la conmemoración del 500 aniversario del descubrimiento de América, expresa sus opiniones sobre la deuda externa.
Yo, Guaicaipuro Cuautémoc, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que se la encontraron hace quinientos años.Aquí pues nos encontramos todos: sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por judas a quienes nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento. Yo los voy descubriendo..

También yo puedo reclamar pagos. También puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias. Papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América. ¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque es pensar que los hermanos cristianos faltan a su séptimo mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, igual que Caín, matan y después niegan la sangre del hermano! ¿Genocidio? ¡Eso sería dar crédito a calumniadores como Bartolomé de las Casas que califican al encuentro de destrucción de Las Indias, o a ultrosos como el doctor Arturo Pietri, quien afirma que el arranque del capitalismo y de la actual civilización europea se debió a la inundación de metales preciosos!¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de varios préstamos amigables de América para el desarrollo de Europa. Lo contrario sería presuponer crímenes de guerra, lo que daría derecho, no sólo a exigir devolución inmediata, sino indemnización por daños y perjuicios. Yo, Guaicaipuro Cuautémoc prefiero creer en la menos ofensiva de las hipótesis. Tan fabulosas exportaciones de capital, no fueron más que el inicio de un plan Marshalltezuma para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, defensores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.Por eso, al acercarnos al Quinto Centenario del Empréstito podemos preguntarnos:¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable, o por lo menos productivo de los recursos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?Deploramos decir que no. En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, armadas invencibles, terceros Reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin más que acabar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como Panamá (pero sin canal).En lo financiero han sido incapaces -después de una moratoria de 500 años- tanto de cancelar capital e intereses, como independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta el Tercer Mundo. Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman conforme a la cual una economía subsidiada jamás podrá funcionar. Y nos obliga a reclamarles -por su propio bien- el pago de capital e intereses que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos.Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a los hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas flotantes de un 20 por ciento y hasta un 30 por ciento que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo de un 10 por ciento anual acumulado durante los últimos 300 años. Sobre esta base, aplicando la europea fórmula de interés compuesto, informamos a los descubridores que sólo nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185.000 kilos de oro y 16 millones de kilos de plata, ambas elevadas a la potencia de trescientos. Es decir un número para cuya expresión total serían necesarias más de trescientas cifras, y que supera ampliamente el peso de la tierra.¡Muy pesadas son estas moles de oro y de plata! ¿Cuanto pesarían calculadas en sangre? Aducir que Europa en medio milenio no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar este módico interés sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos. Pero sí exigimos la inmediata firma de una carta de intención que discipline a los pueblos deudores del viejo continente; y los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa que les permita entregárnosla entera como primer pago de una deuda histórica.Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota que les impide cumplir con sus compromisos financieros o morales. En tal caso nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con que mataron al poeta.Pero no podrán. Porque esa bala es el corazón de Europa.

El Congreso de EEUU revela el "costo oculto" de las guerras de Bush


IAR Noticias - www.aporrea.org

Al fundamento histórico de las "guerras de Bush" no hay que buscarlo en los sótanos de la psiquiatría o del fundamentalismo religioso (como hacen la mayoría de los analistas de la izquierda y la derecha), sino en los sótanos de las corporaciones armamentistas del lobby judío de Wall Street (el "poder real" del capitalismo norteamericano) que siguen cosechando multimillonarias ganancias con las políticas de conquista militar del Pentágono. Curiosamente, el Congreso de EEUU (que avaló todas las conquistas militares lanzadas históricamente por la Casa Blanca) acaba de "revelar" que los costos de las guerras del Pentágono se duplican según un informe parlamentario difundido el martes.
El 11-S no solamente instaló un nuevo sistema de control social por medio de la manipulación mediática con el "terrorismo", sino que además inauguró un "nuevo orden internacional" (sustitutivo de la "guerra fría") basado en la "guerra contraterrorista" que sirve de justificación a las nuevas estrategias expansionistas del Imperio norteamericano y de las corporaciones trasnacionales capitalistas.

En un planeta sin guerras inter-capitalistas, ya casi sin conflictos armados (al margen de Irak, Afganistán y Medio Oriente), la leyenda de Bin Laden y el "terrorismo internacional" sirvió (y sirve) para alimentar y justificar las estrategias expansionistas del Imperio norteamericano, para crear nuevos y potenciales mercados a la trasnacionales capitalistas de EEUU y Europa, y para mantener en funcionamiento a los complejos militares industriales que han encontrado en la "guerra contraterrorista" su nueva tajada ganancial en el negocio armamentista.
En términos reales, y al margen de cualquier otra consideración geopolítica o estratégica, la "guerra contra el terrorismo" fue inventada para hacer negocios y abrir un nuevo ciclo de expansión capitalista con las conquistas militares que lanzaron Bush y los halcones tras el 11-S.
En febrero del año pasado, un informe del Pentágono señalaba que EEUU se preparaba para actuar en "guerras convencionales simultáneas", y en conflictos irregulares y prolongados como en Irak.
El presupuesto solicitado por el presidente George W. Bush en febrero pasado, para el Departamento de Defensa de Estados Unidos al Congreso legislativo, para el año fiscal 2007-2008, es el más grande desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), según coincidieron en ese momento varios medios estadounidenses.
De un total de 2,9 billones de dólares de presupuesto federal, la administración Bush, presionada por la oposición en control del Congreso para que retire las tropas de Irak, decidió destinar un récord de 700.000 millones de dólares en gastos de defensa y seguridad, sorprendiendo a sus propios detractores y opositores.
"El presupuesto más grande desde la era Reagan", tituló el periódico The Washington Post, con el subtítulo: "Iraq, Afganistán gastan más que la guerra de Vietnam" (1964-1975).
"El gasto en la guerra superará a las marcas de la guerra de Corea (1950-1953) y Vietnam", tituló el diario The Congressional Quarterly, en tanto que The New York Times mencionaba en su portada la la palabra "Récord" para definir el multimillonario presupuesto militar de los halcones.
Uno de los títulos de The Washington Times decía: "La asignación a programas de seguridad superó a las de todo el resto del mundo combinadas", y en el primer párrafo del artículo señalaba que fue "la más grande suma desde 1946".
"Lo que es extraordinario del presupuesto militar de este año es que es el más grande desde la Segunda Guerra Mundial, pero, por supuesto, no estamos peleando la Segunda Guerra Mundial", subrayó en febrero el experto en temas de defensa William Hartung, del Instituto de Políticas Mundiales, en Nueva York.
"Estamos combatiendo redes terroristas armadas con explosivos y rifles de asalto AK-47. Esto debe ser considerado un triunfo del lobby de las armas, que por supuesto nos vende cosas que no necesitamos cuando el presidente dice que estamos bajo peligro mortal", añadió.
El "costo oculto" de la máquina de matar
Pero si el nuevo presupuesto militar de Bush presentado en febrero pasado dejó boquiabiertos a los expertos militares, un estudio realizado por miembros del Partido Demócrata en el Congreso de Estados Unidos y difundido este martes revela que la guerra en Irak y Afganistán costó -hasta ahora- casi el doble de lo que se previó originalmente.
El estudio de los congresistas demócratas revelado por The Washington Post, y que fue presentado este martes en el Capitolio, señala que los "costos ocultos" han elevado el precio de las guerras en Irak y Afganistán a aproximadamente 1,5 billones de dólares.Esa cifra es casi el doble de los 804.000 millones de dólares que la Casa Blanca ha gastado o solicitado, según el texto demócrata del Comité Económico Conjunto del Congreso, que examina los costos ocultos de las guerras, puntualizó el Post.Según este comité, los "costos ocultos" incluyen los precios más altos del petróleo, el gasto de atender a los veteranos heridos y los intereses por el dinero pedido prestado para pagar las guerras, aclara el diario dejando en descubierto la participación de los grupos financieros en el negocio de financiación de las guerras.
En el informe difundido por el Post, los demócratas del comité económico conjunto del Congreso dicen que ambas campañas militares (Irak y Afganistán) han costado unos US$20.000 a la familia promedio del país. Una de las proyecciones que hacen los autores del documento es que en la próxima década el monto podría ascender a US$46.300. El informe calcula los costos ocultos generados por el conflicto, incluidos el aumento en los precios del combustible y los tratamientos médicos con que se asiste a los veteranos de guerra heridos.
El Comité Demócrata estima que el tratamiento médico al que son sometidos los veteranos podría añadir US$30.000 millones más a los costos de las intervenciones militares, incluyendo los pagos por incapacidad y los ingresos que dejarán de percibir aquellos ex combatientes afectados con desórdenes postraumáticos.
El informe consigna que las cifras indican que los conflictos costaron a los contribuyentes alrededor de US$1,5 billones (millones de millones).
El Post citó a expertos en financiación bélica que señalaron que es difícil calcular el impacto preciso de la guerra en los precios mundiales del petróleo y añadieron que era especular demasiado calcular cuánto costaría la guerra con el tiempo porque las situaciones cambian a diario en el campo de batalla.
El negocio de la guerraLos gastos militares aumentaron el año pasado un 3,5 por ciento hasta alcanzar los 1,2 billones de dólares (casi 900.000 millones de euros) al aumentar los costos de la "guerra antiterrorista" y de las operaciones de la ocupación estadounidense en Irak y Afganistán, según el informe anual dado a conocer este año por el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés).
Con un gasto en armamento que insume el 46 por ciento del total mundial, EEUU encabeza la lista de los que más desembolsan en armamento, seguido de Gran Bretaña, Francia, China y Japón, cada uno con entre el cuatro y el cinco por ciento, según el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo.
EEUU es el país con el mayor gasto militar en el planeta, dado que su presupuesto supera el del total combinado de los 32 países más ricos del mundo.
El Gobierno de EEUU ha destinado 432.000 millones de dólares a la categoría "guerra mundial contra el terrorismo" desde septiembre de 2001 hasta junio de 2006, añadió el informe del SIPRI.
¿Pero quién se beneficia de esta inversión para alimentar la máquina de matar del Imperio?
Según un informe de la organización Project on Government Oversight, entre los consorcios que se benefician en primer lugar de este multimillonario negocio de la guerra se cuentan Lockheed Martin, la gigante aeroespacial Boeing, Northrop Grumman, contratista de la Fuerza Aérea, Raytheon, y General Dynamics.
Northrop Grumman también juega en grande en el área de buques de combate, pues son de su propiedad los astilleros de Newport News, en Virginia y Pascagoula, en Mississippi.
Los tres consorcios también obtienen fabulosas ganancias del proyecto de Bush para colonizar la Luna y enviar una misión tripulada a Marte, que conforman la base de la nueva carrera armamentista en el espacio.
Boeing y Lockheed Martin también son las tres mejor posicionadas en el campo nuclear-espacial debido a los fabulosos contratos relacionados a lanzamientos espaciales, así como con el área de satélites y misiles, manteniendo ambos consorcios una sociedad para operar la Alianza Unida del Espacio (United Space Alliance), empresa conjunta a cargo del lanzamiento de los transbordadores espaciales.
Los costos desembolsados para presupuestos de guerra son abonados por el Tesoro de EEUU y absorbidos por toda la población norteamericana a través de los impuestos, pero las ganancias de las guerras de conquista van a las arcas de las grandes corporaciones sionistas del Complejo militar y de Wall Street.
Como puede apreciarse, las acciones militares criminales y conquistadoras de Bush no responden al "fundamentalismo religioso" sino a la voluntad y los intereses de los consorcios económicos (bancos, empresas, armamentistas y petroleras) que llegan detrás de los tanques, misiles y aviones, para apoderarse del petróleo y de los recursos naturales, y concretar fabulosos negocios con la "reconstrucción" de los países destruidos militarmenteSe trata de un súper-negocio de la muerte (la sangre de la guerra negociada en números capitalistas) donde Bush, el "loco", el "religioso fundamentalista", es apenas la frutilla de la torta.

sábado, 17 de noviembre de 2007

¿GUERRA JUSTA? DIFÍCILMENTE


Noam Chomsky
Alentado por estos tiempos de invasiones y evasiones, el debate de la “guerra justa” ha resurgido entre los expertos e incluso entre los que se ocupan de crear políticas.
Pero, discusiones aparte, los hechos en el mundo real con demasiada frecuencia refuerzan la máxima de Thucydides de que "El poderoso hace lo que puede, mientras que el débil sufre lo que debe” – lo cual, además de ser indiscutiblemente injusto, constituye, en la actual fase de la civilización de la humanidad, una amenaza literal para la supervivencia de la especie.
En sus celebradas reflexiones sobre la guerra justa Michael Walzer describe la invasión de Afganistán como “un triunfo de la teoría de la guerra justa”, colocándola en el mismo plano que la “guerra justa” de Kosovo. Por desgracia, en ambos casos, como en muchos otros, sus argumentos se basan principalmente en premisas tales como “parece plenamente justificado...”, “creo que...”, o “seguramente”.
Los hechos, incluso los más obvios, se ignoran. Veamos Afganistán. En el momento en el que comenzaron los bombardeos en octubre de 2001, el Presidente Bush advertía a los afganos de que los ataques no cesarían mientras no entregaran a las personas a las que los Estados Unidos consideraba sospechosas de terrorismo.
El término "sospechosas" es importante. Ocho meses después de lo que a buen seguro debió de ser una de las cruzadas más intensas de la historia, el máximo responsable del FBI Robert S. Mueller III declaraba ante los redactores de The Washington Post: “Creemos que los cerebros de los ataques (del 11 de septiembre), la cúpula de Al-Qaeda, estuvieron en Afganistán. Los instigadores – los actores principales, llegaron juntos a Alemania y cabe que también a otros lugares".
Lo que aún seguía siendo incierto en junio de 2002 difícilmente pudo haberse sabido con certeza en octubre del año anterior, por pocos que fueran los que cuestionaran su veracidad en el momento. Yo tampoco dudé en un principio; pero la presunción y la prueba son dos cosas bien distintas. Y, al menos, podemos asegurar que las circunstancias han puesto en entredicho que el bombardeo contra los afganos fuera un claro ejemplo de “guerra justa”.
Los argumentos de Walzer van dirigidos a grupos indeterminados – como por ejemplo, a colectivos universitarios “pacifistas”. Para ‘el, su "pacifismo" es un "pésimo argumento", dado que, a su juicio, la violencia es legítima en algunas ocasiones. Cabe que estemos perfectamente de acuerdo (yo lo estoy) en que hay ocasiones en las que la violencia es legítima, si bien, su “creo que...” es un argumento de escasa solidez en lo que a estos dos casos concretos del mundo real se refiere. Mediante la lógica de la "guerra justa", del contraterrorismo y demás tipos de razonamiento, Estados Unidos se exime del cumplimiento de los principios fundamentales del orden mundial en cuya formulación e implantación ha jugado el papel estelar.
Tras la II Guerra Mundial se instituyó un nuevo orden legal internacional cuyas disposiciones referentes al procedimiento en tiempos de guerra están plasmadas en la Carta de las Naciones Unidas, en la Convención de Ginebra y en los principios de Nuremberg, adoptados por la Asamblea General de la ONU. La Carta proscribe la amenaza o el uso de la fuerza, salvo que la autorice el Consejo de Seguridad, o que, en conformidad con el Artículo 51, se utilice en defensa propia ante un ataque armado, hasta que actúe el Consejo de Seguridad.
En 2004, un grupo de alto nivel de la ONU, en el que, entre otros, se hallaba el antiguo Consejero de Seguridad Nacional (estadounidense), Brent Scowcroft, concluía que "no era preciso ampliar ni restringir la ampliamente concebida cobertura del Articulo 51... En un mundo plagado de supuestas amenazas potenciales, el riesgo para el orden global y para el principio de no-intervención en el que se basa dicho orden es sencillamente excesivo, como para legalizar un principio de acción preventiva unilateral distinto del principio de acción colectiva consensuada. Permitir ese tipo de procedimiento a uno sería equivalente a permitírselo a todos”.
La Estrategia de Seguridad Nacional (estadounidense) de septiembre de 2002, ratificada en marzo en su mayoría, otorgó a los Estados Unidos el derecho de librar lo que denomina “guerra preventiva”, lo cual no significa disuadir el animo agresor del adversario, sino “tomar la delantera” para ser el primero en atacar. Esto es, simple y llanamente, el derecho de agresión.
Según la tipificación del Tribunal de Nuremberg, la guerra de agresión es "el máximo crimen internacional, y tan sólo difiere de cualquier otro crimen de guerra en que constituye en sí mismo un compendio del mal en su conjunto" — por ejemplo, todo el mal que la invasión que el binomio Estados Unidos-Reino Unido ha implantado en la torturada tierra iraquí.
El concepto de agresión lo definía claramente el juez del Tribunal Supremo de los EE.UU., Robert Jackson, quien actuara de fiscal jefe en el Tribunal de Nuremberg en representación de su país. Su definición quedaba formalmente recogida en una resolución firme de la Asamblea General: Un "agresor”, proponía Jackson al tribunal, es cualquier estado que emprenda acciones tales como “la invasión armada del territorio de otro estado, con o sin una declaración de guerra".
Tal es el caso de la invasión de Irak. Igual de relevantes resultan las elocuentes palabras del Juez Jackson en Nuremberg: "Si la contravención de tratados es constitutiva de delito, resulta irrelevante quién la cometa, sean los Estados Unidos o Alemania, y no estamos dispuestos a crear una legislación penal que juzgue conductas delictivas para el prójimo que no estemos dispuestos a aplicarnos y acatar nosotros mismos”. En otra parte de su ponencia dice: "Jamás debemos olvidar que los principios legales sobre los cuales hoy juzgamos a los acusados serán los mismos a los que mañana recurra la historia para juzgarnos a nosotros. Ofrecer un cáliz envenenado a estos acusados equivaldría a ponerlo en nuestros propios labios”.
Para la dirigencia política el riesgo implícito en la adherencia a estos principios —y al imperio de la ley en general — es verdaderamente serio. O, lo sería, “si es que alguien se atreviera a plantar cara a un “superpoder despótico sin parangón para el que no existe la ley, y el cual pretende modelar el mundo conforme a su visión militarista del universo", como lo expresara Reuven Pedatzur en Haaretz el pasado mayo.
Permítanme exponer dos verdades elementales. La primera es que los actos se miden sobre la base del alcance de sus posibles consecuencias; la segunda es el principio de universalidad, es decir, que hemos de aplicarnos las mismas reglas que imponemos a los demás, cuando no de forma más estricta, si cabe.
Además de ser éstas dos máximas esenciales, estos principios conforman los cimientos sobre los que se asienta la teoría de la guerra justa, o, al menos, de cualquier versión de la misma digna de ser tomada en serio.
Título original: A Just War? Hardly
Autor: Noam Chomsky
Origen: ZNet; Jueves 01 de Junio, 2006Autor: N. Chomsky- Fecha: 2006-10-20
"Karl Marx: "Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20%, se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al 300%, no se detiene ante ningún crimen." .

LA VIGENCIA SANGIENTA DEL HIMNO NORTEAMERICANO / ¡¡¡Aun su terrorifico sonido espanta al mundo!!!

Ultraderecha Los Prisioneros

el tigre nunca pierde sus manchas....

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¿¡alimentos hoy!?